noviembre 29, 2022
  • noviembre 29, 2022

Adelante, Hacia la Victoria

By on septiembre 22, 2019 0 542Views

Al final de la historia de David y Goliat, leemos: «Así fue como David triunfó sobre el filisteo: lo hirió de muerte con una honda y una piedra, y sin empuñar la espada» (1 Samuel 17:50). En cuestión de horas, un jovencito pastor armado solo con su honda y su fe en Dios derribó a un temible gigante que se había estado burlando de los israelitas durante cuarenta días. Jesús, tu Pastor, hará lo mismo en tu vida si tú se lo permites (Juan 10:11).

Batallas impensables

En el Salmo 23:5, David dice lo siguiente con respecto al Señor: «Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos». Jesús, tu Salvador, promete dirigirte, guiarte y protegerte… no en ausencia de tus enemigos, sino en la presencia misma de ellos. Mientras las presiones, las tinieblas y las luchas de tus gigantes se van cerrando alrededor de ti, tu Pastor despliega un festín de provisiones allí mismo, en medio de la batalla. Te da todo lo que necesitas, no solo para sobrevivir, sino en realidad para prosperar mientras te abres paso hacia la libertad.

La Biblia afirma que Jesús no es solo tu Buen Pastor, sino que también es el León de Judá (Apocalipsis 5:5). Su rugido domina sobre las naciones. Su voz destroza al enemigo. Pero por un poco de tiempo, se le ha permitido a Satanás que ande merodeando en busca de grietas a través de las cuales se pueda insertar a sí mismo dentro de tu mente. Si no lo detienes, entonces él será el que se va a sentar a la mesa. Y si él está en tu mesa, entonces trabajará para minar tu confianza en Dios. Tratará de decirte que estás totalmente solo en la pelea, y que no tienes posibilidad alguna de hacer caer a tus gigantes.

En esa clase de momentos tienes necesidad de estar de acuerdo con David, el cual, a pesar de haber pasado por una gran cantidad de adversidades en su vida, pudo afirmar con seguridad: «Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado» (Salmo 23:4). David sabía que Dios lo tenía todo bajo su control. Durante los tiempos más tenebrosos, supo reconocer que Dios estaba a su lado, caminando con él a través del valle. Tú puedes tener esa misma confianza, pero únicamente si te niegas a permitir que el enemigo tenga un puesto en la mesa.

Esto se debe a que, si el enemigo está en tu mesa, va a tratar de convencerte de que nunca vas a lograr nada. Trabajará para hacer que tu cabeza de vueltas y te recuerde que estás rodeado, y que todo el mundo tiene la intención de echarte abajo. Te va a tentar con la idea de que hay algo mejor en otra mesa, y que Dios te está reteniendo para que no lo sepas. En lugar de creerlo, tienes que creer que tu Pastor te prometió guiarte al atravesar el valle, que Él siempre está contigo, que Él sabe lo que es mejor para ti, y que tú eres su hijo amado.

De manera que hoy, toma un asiento ante la grandiosa mesa de Dios. Siéntate, quédate quieto, y limítate a disfrutar de la presencia de tu Padre celestial. Acude a Él cada vez que te sientas agotado y cargado, porque Él te ha prometido que te hará descansar (Mateo 11:28). Céntrate menos en los enemigos que te están rodeando, y más en la realidad de que Él está allí, contigo. Avanza hacia la victoria que Él tiene para ti… y observa cómo caen uno tras otro los gigantes que hay en tu vida.

Responde

  • ¿Cuáles son las barreras que te impiden avanzar hacia la victoria? ¿Cuál consideras que es el lugar de Jesús en tus batallas?
  • ¿Cómo ha tratado Satanás de abrirse camino hasta dentro de tu corazón y de tus pensamientos? ¿Cómo afecta esto a tu manera de ver tus circunstancias?
  • ¿Cómo ha provisto Jesús para ti durante tus luchas más difíciles? ¿Cómo te puede ayudar el mantenerte centrado en Jesús para vencer a los gigantes que te rodean

¡Eres perfecto(a) ante Sus ojos!

En estos días, hemos visto juntos que eres maravilloso(a) ante los ojos de Dios, y así también deberías sentirte. Hoy, Dios quiere recordarte que eres perfecto(a) ante sus ojos. Es lo que dice en Su Palabra: “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14).

En realidad, Dios no mira nuestros defectos. Y no los mira, no porque haya decidido esconderlos bajo ropas blancas… ¡no, sino sencillamente por han desaparecido! ¡Para siempre!

En efecto, Dios los borra de nuestra vida, y nos hace perfectos, como Él es, ya que Él ha “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14).

Esto se produce milagrosamente cuando:

  1. Confesamos nuestros errores y nuestros pecados.
  2. Le pedimos perdón.
  3. Decidimos apartar de nuestra vida esos pecados, y no volver a caer en ellos.

En ese momento cuando Dios cumple ese milagro, y Jesús viene a vivir en nosotros.

Te animo a declarar esta palabra de Jesús, que te dice hoy: “Y nunca más me acordaré de tus pecados y transgresiones” (adaptado de Hebreos 10:17).

Es Jesús quien lo dice, y nadie puede decir nada en contra esta verdad. ¡Es la verdad la que nos hace libres! Entonces:

Si estás abatido(a) por ciertas malas actitudes que todavía sigues teniendo,

Si piensas que jamás cambiarás,

Si te culpas por tus defectos…

Declara esto con tus labios: “¡Dios me ha hecho perfecto(a) para siempre!”

Querido(a) amigo(a), te invito a orar ahora conmigo: “Gracias, Señor Jesús, por haber muerto por mí, a fin de hacerme perfecto(a). Has dicho que no recordarás más mis pecados, ni  mis iniquidades. A partir de hoy, renuncio a esos sentimientos que me quieren abatir, ya que sé que actúas en mí, a fin de que a cada instante Jesús viva en mí. Gracias por haberme hecho perfecto(a) ante tus ojos. En el nombre de Jesús. ¡Amén!”

Te animo a tener esta verdad anclada en tu corazón: Dios te ha hecho perfecto(a), aun en medio de tu humana imperfección. ¡Gloria a Dios!

Gracias por existir,

Por: Éric Célérier

Estos textos han sido han sido extraídos de Un Milagro Cada Día.

Selección: Juan Colmenares

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